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por Carlos G. Cano
El poeta salvadoreño Carlos Ernesto García es ya un viejo conocido de ACCES. Él y su productora, C&Duke, fueron los artífices del Encuentro Internacional de la Cultura de Ripollet, celebrado en 2006 y dedicado a El Salvador, en el cual nosotros también colaboramos. Meses antes, además, tuvo la gentileza de aceptar nuestra invitación para hablar sobre el ’Compromiso cultural en El Salvador’, en la Casa Elizalde de Barcelona.
Ediciones Rubeo acaba de publicar ’La maleta en el desván’, su tercer poemario, después de ’Hasta la cólera se pudre’ y ’A quemarropa el amor’, publicados en 1994 y 1996 respectivamente. Pero García ha tocado también otros géneros: hace un par de años publicó ’Bajo la sombra de Sandino’, una serie de entrevistas con destacados Comandantes de la Revolución en Nicaragua; y en 2003, su viaje por el río Changjiang, en China, bajo el título ’El sueño del dragón’.
El próximo 30 de abril leerá sus versos en Casa Amèrica Catalunya, pero en esta entrevista, además de hablar de su obra, Carlos Ernesto García reflexiona acerca del momento político y cultural que atraviesa El Salvador, y comparte varias anécdotas vividas con algunos de los más destacados representantes de las letras catalanas y salvadoreñas del último tercio del siglo XX. Es larga pero vale la pena leerla toda y, además, al final del post hemos incluido varios poemas...
¿Qué hay dentro de esa maleta?
Creo que todo lo necesario para viajar a través de lo que para mí han significado las últimas tres décadas de mi vida y me atrevería a decir que, también, de la vida de algunos salvadoreños.
¿Y por qué está (o ha estado) en el desván?
Bueno, soy un poeta que publica un libro aproximadamente cada diez años, de modo que a pesar de que algunos de esos poemas los escribí en la segunda mitad de los 70, cuando yo ni tan siquiera me tomaba muy en serio lo de ser poeta, considero que son parte de una experiencia personalísima que finalmente he decidido rescatar y ponerlos así al alcance de los lectores.
¿Desde cuándo te sientes poeta?
A los 8 años comencé a garabatear algunos versos que en su mayoría eran de corte religioso o metafísico, aunque lógicamente aquellos no podían llamarse poemas y, entonces, no tenía la menor idea de lo que significaba poesía metafísica. Aún conservo algunos de esos versos infantiles y, por supuesto, inocentes.
En los años 70, movido por la lectura de poetas tan distintos como Amado Nervo, Rubén Darío, Pablo Neruda y un libro de Federico García Lorca que no sé ni como vino a caer entre mis manos, decidí escribir versos que ya comenzaban a parecerse en algo a la poesía. La amistad, el amor y la muerte estaban presentes siempre como temática, y la idea de Dios había pasado a ocupar un segundo plano. A través de las canciones de Joan Manuel Serrat, que entonces tenían una gran influencia entres muchos jóvenes de mi generación, encontré la poesía de Antonio Machado y de Miguel Hernández, que fueron un gran descubrimiento, y luego vinieron Quevedo y León Felipe.
Pero aún recuerdo cuándo decidí dedicarme a la poesía: fue una noche que iba en el metro a mi casa en Barcelona. Entonces estudiaba una carrera relacionada con la administración y me pregunté si quería ser algo tan antiestético como aquéllo. Mi respuesta fue meter en unos cajones todos los libros que hablaban de empresas, calculo financiero, etc. y dejarlas en la calle con un cartelito que decía: "A quien interese".
Seguidamente fui hasta la estación de trenes, compré un billete para París y me marché a casa del poeta salvadoreño Roberto Armijo, que en aquellos años era el representante del FMLN en París, con quien celebré durante varios días seguidos la decisión de incorporarme al oficio de poeta. Durante esos días de invierno Armijo habló de su largo exilio, de cuando Miguel Ángel Asturias le procuró la cátedra de literatura en la universidad parisina de Nanterre; de su amistad con Roque Dalton, de quien narró infinidad de anécdotas personales que vivieron juntos... Pero sobre todo leyó en voz alta durante horas a Tristan Tzara, Breton, Corbière, Rimbaud, René Chard, Verlaine, Eluard... y nos largamos en mitad de la noche a buscar la tumba de Baudelaire, que jamás encontramos.
¿Qué influencia ha tenido en tu poesía el hecho de llevar tanto tiempo viviendo en Barcelona?
Bueno, aunque nunca me había detenido a pensar en eso, porque mi poesía está impregnada de los muchos viajes que he realizado a distintas ciudades, sí quiero manifestar que la primera influencia la recibí del gran poeta José Agustín Goytisolo, con quien estuve tomando unos Wiskies y conversando días antes de su trágica muerte, y más tarde de Manuel Vázquez Montalbán, de quien recibí siempre su solidaridad. De manera que cuando ellos mueren, aunque no fui lo que se llama un amigo íntimo, siento que algo de la Barcelona que yo conocí en los 80, se va con ellos.
Pero Barcelona, como ciudad cosmopolita, me permitió otros aciertos a través de sus estupendas librerías, donde me encontré con la gran literatura universal que, en los periódicos y escuálidas librerías salvadoreñas había andado inútilmente buscando desde que era aún casi un niño. La capitalidad editorial de Barcelona es célebre en el mundo entero pero especialmente en nuestros países centroamericanos, donde apenas sí podíamos leer algún clásico del Siglo de Oro español o, con suerte, algún poeta de la generación del 98 o del 27.
De modo que Barcelona fue un gran descubrimiento en ese sentido y comencé a frecuentar librerías de viejos, que les llaman, donde se encontraba de todo, y en especial el mercado Sant Antoni los domingos, donde aún hoy se encuentran tanto las últimas novedades como libros inencontrables en cualquier otro sitio. Pero no sólo sus librerías, sino también sus cafés, como el de la Ópera, el Zurich o el Portalón, en el casco antiguo, donde una noche conocí a Rafael Alberti, quien años más tarde, en 1990, me invitaría a leer delante suyo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid para celebrar su cumpleaños junto a las actrices Nuria Espert y Aitana Sánchez Gijón, y los poetas Nicomades Santa Cruz, Luis Muños y Cristina Peri-Rossi, entre otros.
Pero en Barcelona también frecuenté al escritor colombiano Óscar Collazos, que al igual que Jesús Ferrero, Horacio Vázquez-Rial, Eduardo Galeano, Margarita Dalton y el poeta hondureño Rigoberto Paredes, vivieron y conocí en esta gran ciudad, que hoy en día es, sin la menor duda, la que goza de mayor prestigio en Europa por su calidad de vida.
Más tarde he coincidido en alguna lectura con Joan Margarit, galardonado el pasado año con el Premio Nacional de Literatura por parte de la Generalitat de Catalunya, por quien siento una gran admiración y al que considero uno de los poetas catalanes vivos más importantes. Además tengo el privilegio de poder decir que a finales de los 90 leí con él y con Luis García Montero en el marco del Festival Barnasants, que cada año reúne a destacados escritores y músicos de todo el mundo.
¿Hay algún rastro en tu obra, de los lazos entre Cataluña y El Salvador?
Sí, diría que varios, aunque no siempre están de manera explicita, pero buena parte de la poesía que he escrito fue naciendo en una atmosfera propicia a lo que Octavio Paz llamó ’lo poético’, que es de donde nace el poema. Así, una estación de metro, un café o una calle, que de pronto son el decorado de una historia, pertenecen a esta ciudad que tanto me ha dado a manos llenas en los casi 29 años que llevo aquí. Yo diría, incluso, que en Barcelona es donde se va desarrollando ese género literario que he dado en bautizar: Crónica poética. Con ella, a partir de mi obra, he ido construyendo una teoría literaria de más científico, si se quiere, para sostenerla como tal, pues cada uno de mis poemas busca contar una pequeña historia. De manera que esto me lleva a distanciarme, con el mismo silencio con el que me acerqué, de la llamada Poesía de la experiencia, a la que,claro, jamás pertenecí, y que ha tenido a protagonistas tan destacados como al desaparecido Premio Cervantes José Hierro, y del que quedan como herederos Joan Margarit y Luis García Montero, entre otros.
¿Cómo fue la respuesta del público ante el que leíste recientemente en México?
Al principio no tenía previsto leer en México, pero cuando se supo que entre los más de cien invitados a la entrega del doctor honoris causa a Ernesto Cardenal y Eduardo Galeano, el pasado mes de marzo, estaría yo, el poeta mexicano Antonio Leal realizó algunas gestiones para que pudiera presentar ’La maleta en el desván’ en la ciudad de Xalapa, coincidiendo casualmente con la fecha en que en El Salvador se recuerda el asesinato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Y el 24 de marzo, gracias al poeta Fernando Ruiz Granados, pude leer en la Galería de Arte Contemporáneo del Instituto Veracruzano de la Cultura de la ciudad de Xalapa, junto a Antonio Leal y al argentino afincado en EEUU Luis Alberto Ambrogio.
Un día antes, gracias a la mediación y gestiones de Roberto Majano, un compañero salvadoreño del FMLN que vive en Canadá, y de la mexicana Ana Elvia, leí en la Universidad de Sotavento, en la ciudad costera de Coatzacoalcos, donde mi poesía fue muy bien recibida por todos los estudiantes y parte del profesorado de dicho centro universitario, quienes me acompañaron por algo más de dos horas. Además, tanto en Coatzacoalcos como en Xalapa fui entrevistado por distintos medios de comunicación.
Allí coincidiste, entre otros, con Ernesto Cardenal. ¿Cómo se encuentra él?
Los homenajes de los que fue objeto Ernesto Cardenal durante los días 25, 26 y 27 marzo en la ciudad de Xalapa, organizados por la Universidad Veracruzana y la Red Internacional de Poetas por la Tierra (RIET), esta última, por cierto, con sede en Tarragona, son una manera de decir, por parte de las instituciones, de los escritores y de las personalidades del mundo de la canción, como Silvio Rodríguez u Óscar Chávez, que también estuvieron presentes: ¡Ernesto, estamos contigo!
Y este gesto debe leerse como una respuesta a la injusta persecución que Ernesto Cardenal, al igual que otros intelectuales nicaragüenses, viene sufriendo por parte del actual gobierno sandinista en Nicaragua. Mi conversación con Ernesto Cardenal fue breve pero suficiente para aclarar que él no siente demasiada confianza en que Daniel Ortega cambie lo más mínimo su postura, lo cual sin duda le entristece porque le alejan cada vez más del proyecto revolucionario al que entregó buena parte de su vida.
El propio Cardenal, los Mejía Godoy o Galeano, con quienes también coincidiste en México, son grandes críticos de los actuales derroteros del gobierno de Ortega en Nicaragua... ¿Hablasteis del tema?
Con Luis Enrique Mejía Godoy, al igual que con su hermano Carlos Mejía y los de Palacagüina, hablamos en privado de todo este asunto y están sumamente preocupados, pues la torpeza de Daniel Ortega, así como de quienes le sostienen, pone en peligro la capacidad, ya no sólo de ellos para desarrollar su labor como creadores, sino la de un pueblo entero que debe resolver los grandes problemas nacionales.
Ante una situación que, personalmente, ya venía advirtiendo desde la publicación de mi libro ’Bajo la sombra de Sandino’, no puedo menos que sentirme identificado con la lucha de quienes, como Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, o bien Ernesto Cardenal, vienen reclamando para Nicaragua un verdadero gobierno sandinista que rescate los valores de esa revolución de la que millones de personas en todo el mundo se enamoraron un día. Así que es importante que la comunidad internacional, cuestione a Daniel Ortega sobre el papel que ejerce al frente de los intereses de la Revolución nicaragüense.
En El Salvador, con la victoria de Mauricio Funes, se cierra un ciclo y se inicia otro... ¿Cómo y desde dónde viviste tú la jornada electoral?
Aquella noche me encontraba en una casita que tenemos en un pueblecito de 300 habitantes en la provincia de Tarragona. Por la diferencia horaria, comencé a seguir la jornada electoral a través de las radios salvadoreñas que emiten por Internet, y hasta bien entrada la madrugada, que Mauricio Flores se dirigió a nuestro pueblo... Además, debido a un incidente que ocurrió en San Martín ese día, supe que una de las mesas electorales estaba en la escuelita Jorge Larde y Larín, que es donde yo estudié primaria, pues desde los 4 hasta los 20 años, cuando me marché, viví en aquella ciudad tineca.
¿Qué cambios crees que cabe esperar en el país, en los próximos años?
El FMLN tiene grandes retos, como el de la concertación social o resolver el tema de la delincuencia común, que viene asociado a Las Maras, al narcotráfico, el tráfico de armas, de personas, etc., y que es de donde emanan la mayoría de los miedos de los ciudadanos. También garantizar la educación para todos, mejorar la sanidad pública, que está por los suelos, o disminuir la emigración a través de políticas realistas que ayuden a incentivar la creación y fortalecimiento de las empresas públicas y estatales, para que así los jóvenes dejen de soñar con una vida mejor, que casi nunca alcanzan, marchándose del país.
El Salvador no puede hipotecar su futuro a través de una política de remesas familiares que genera cada año más de tres mil millones de dólares. Estoy convencido de la capacidad, no sólo de Mauricio Funes o de Salvador Sánchez Cerén, sino también de los compañeros que dentro y fuera del FMLN vienen trabajando desde hace muchos años en distintas áreas de la administración. El alcalde de mi natal Santa Tecla, Óscar Ortiz, es un buen ejemplo de capacidad de gestión. Y no es el único pero quizá sí uno de los más conocidos en Catalunya.
Volviendo al plano cultural ¿en qué momento crees que están las letras salvadoreñas? ¿Influirá en las artes el cambio político?
Tu pregunta me hace pensar por un momento en la Revolución Mexicana, donde los grandes pintores, como Tamayo, Siqueiros, Orozco y Diego Rivera, necesitaban pintar sus murales y aquella revolución promocionar sus ideales, así que hubo un intercambio bien interesante: el Estado les dio grandes paredes y los artistas pintaron sus murales. Algo similar ocurrió en Cuba con la cultura de las vallas, y en Nicaragua también. Los artistas, escritores, gente de teatro, poetas, músicos, etc. que están con la revolución, con el proyecto revolucionario, encontrarán en este proceso una gran oportunidad para manifestarse de manera abierta. Lo bueno de las letras salvadoreñas es que sigan siendo lo que siempre han sido y que encuentren su espacio en libertad, porque nada sería más dañino para un poeta, un novelista, un pintor, un músico, que dejar de ser él mismo o ella misma.
Por otra parte, durante los últimos años, he seguido con interés a los poetas Jorge Galán, José Roberto Cea, Otoniel Guevara, Carmen Huget, Luis Alvarenga, Miguel Huezo Mixco, Eleazar Rivera, Aída Parraga, Mario Noel, Manlio Argueta, René Chacón, Nora Méndez, Néstor Martínez, André Cruchaga y Krisma Mancia, con quienes he mantenido (o mantengo) comunicación y, amablemente algunas veces, me hacen llegar sus trabajos, en la mayoría de casos es excelente. Eso es algo que viviendo fuera agradezco mucho, pues me mantiene informado de las distintas corrientes poéticas.
Entre los narradores, incluyendo en alguna medida a David Hernández, los dos de mayor proyección siguen siendo Manlio Argueta y Horacio Castellanos Moya. Y entre los pintores, al menos que yo conozca, estarían Isaías Mata, Augusto Crespín, Antonio Bonilla, Carlos Cañas o Mayra Barraza y Solis, por mencionar a varios de los más destacados.
¿Qué autores están plasmando mejor la actual coyuntura de El Salvador?
Habrá que dejar que pase un poco el tiempo para hacer esa apreciación con justicia, en primer lugar porque este es un tiempo que apenas sí comienza y es necesario que maduren las ideas. De todas formas, en el punto donde nos encontramos ahora mismo políticamente, creo que el gran poeta es el pueblo salvadoreño, que salió a las calles el pasado 15 de marzo y escribió sobre el papel lo que quería: el cambio. Ahora hay que ver si todos están a la altura de lo que decidieron.
¿En qué proyectos literarios estás trabajando, actualmente?
Desde finales de los 90 vengo trabajando en dos novelas, las cuáles, debido a otros compromisos, he tenido que dejar por varios años e, incluso, reescribirlas casi por completo. Pero confío en que algún día las terminaré... Mientras me entretengo con un libro de relatos que a veces voy publicando, y también con pequeños reportajes, entrevistas o artículos que se publican en CoLatino o Contrapunto, para los que soy corresponsal en España.
de ’La maleta en el desván’, por cortesía de su autor:
EL BURDELERO
Siempre ibas con pantalón ceñido camisa ligeramente desabrochada zapatos de charol relucientes anillos brillantes gruesas cadenas de oro pelo engominado como para ir de boda.
Una madrugada te encontré en el maltrecho burdel que como una matrona regenteabas al final de una calle oscura y solitaria.
Me brindaste entonces -como cortesía de la casa una joven campesina recién llegada de quien sabe qué perdido pueblo.
Al día siguiente supe que te descubrieron en tu habitación ya sin vida parapetado bajo el colchón como te abandonaron con heridas mortales en el torso provocadas por un picahielo.
Ni siquiera yo que dormía al otro lado de la pared aquella madrugada pude escuchar los ahogados gritos ante el espanto de la muerte pues quien te asesinó introdujo por la fuerza un verde limón entre tus labios.
San Martín, El Salvador, 1975
tomado de: http://acces.blogia.com
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